sábado, 14 de septiembre de 2013




Uso de la Música


Conocida desde tiempos ancestrales, esta disciplina está considerada como una de las de más futuro del siglo XXI. ¿Cuántas veces hemos oído que la música amansa las fieras? Nada más lejos de la realidad. ¿Y la ternura que nos despierta aquella balada en concreto? ¿Y el ritmo frenético que nos impone un tempo marcado y elevado? Lo que no se puede negar es la evidencia de las ligaduras que hay entre la música y otras disciplinas como la psicología, la psicomotricidad y la comunicación.

¿Qué podemos conseguir con la musicoterapia?

Basándose en los patrones de actividad eléctrica cerebral que producen la música y sus componentes fundamentales (sonidos, estructuras rítmicas, escaleras, tonos, etc.), con la musicoterapia se pretenden obtener diferentes resultados terapéuticos. Los más destacables se pueden apreciar a diferentes niveles y escalas:

  • Fisiológico: cambios del ritmo cardíaco, de la respiración y de la tensión muscular.
  • Psicomotriz: estimulación / inducción de la coordinación.
  • Médico: ayuda psicológica y física (reducción del dolor).
  • Psicológico: regulación del estado de ánimo, ayuda en la resolución de problemas psicológicos, mejora de la autoestima.
  • Social: mejora de las relaciones sociales, de la comunicación, desarrollo emocional y afectivo.
  • Educativo: ayuda a la formación, potencia el aprendizaje, facilita la superación de discapacidades y la recuperación del habla. Escuchar música durante el embarazo potencia el desarrollo intelectual del bebé.

El efecto Mozart

En la década de los 90, un equipo de psicólogos americanos publicó un descubrimiento sorprendente: escuchar la música de Mozart mejora el razonamiento matemático y espacial.

Los psicólogos se dieron cuenta que las ratas que escuchaban Mozart (especialmente una sonata para piano), encontraban la salida del laberinto antes que las ratas que sólo escuchaban ruido u otro tipo de música.

Tratamientos

Los tratamientos no sólo se fundamentan en la escucha selectiva de piezas, sonidos, tonos o fragmentos musicales, sino que tareas íntimamente ligadas al trabajo de cualquier músico, coreógrafo, intérprete o compositor también pueden formar parte de las indicaciones a seguir en una terapia de este estilo. Estas tareas pueden ir desde la improvisación básica y sencilla, hasta la composición, la realización de movimientos coordinados, la interpretación y la actuación.  

Evidencias históricas

Es conocido el uso que casi todas las grandes culturas ancestrales hacían de la música, de bases rítmicas y melodías o sonidos repetitivos, sobre todo en actos de culto, y como medio para inducir a estados de conciencia con fines catárticos y/o religiosos.

En la filosofía griega ya encontramos algunas reflexiones (Pitágoras y Platón son los más conocidos) sobre los diferentes efectos psicológicos de algunas escalas musicales básicas.

Es la época en la que se encuentra el origen de los modos griegos, que se asimilaban y relacionaban con algunas de las actividades y emociones más habituales del momento.

Las ancestrales culturas hindú, china y japonesa ya reconocen en sus “ragas” y modos pentatónicos (escalas de 5 notas) estructuras musicales aplicables a diversos estados de ánimo.

Algunos conceptos equivocados

  • Es falso que sea necesario tener conocimientos de música para poder beneficiarse de la musicoterapia.
  • Es falso que haya estilos de música más beneficiosos. En cualquier caso se escoge la música en función del tratamiento.